¿La "pequeña épica" de Aristarain? - La Ley de la Frontera (1995)

En 1995, tras dirigir Un Lugar en el Mundo (1992), Adolfo Aristarain co-produciría su siguiente film entre Argentina y España, teniendo experiencia en la cinematografía de ambos países. La Ley de la Frontera es una película única por dónde se la mire pero todos los indicios que llevan a ella se pueden ver en cada una de las producciones del director.

La Ley de la Frontera sigue las aventuras de dos jóvenes rebeldes, João y Xan, que escapan de sus respectivas vidas con distintos objetivos pero que, tras problemas con la ley, se alían bajo el idealismo de João, un portugués heredero a una fortuna, y planean volverse bandidos para recaudar dinero, viajar a Inglaterra y de ahí como colonos a Australia. El cine tardío de Aristarain (desde la ya mencionada Un Lugar en el Mundo en 1992 a Roma en 2004) se caracteriza por cierto tono cómico en medio del drama de las historias, quizás no como un tono completo sino como pequeñas secuencias orientadas a suavizar el frecuentemente pesado tono de las tramas. Sin embargo, La Ley de la Frontera lo abraza en su totalidad e incluso llega a depender de este. El por qué ocurre esto es más bien sencillo. Se ha destacado la influencia del cine de Hollywold, desde la nueva ola estadounidense entre los '60s y '70s en sus thrillers tempranos hasta el cine de aventuras de esta película. La Ley de la Frontera ve a sus protagonistas, de modestas introducciones, pretender ser de la "banda del Argentino", un peligroso criminal que trabaja en la frontera entre Galicia y Portugal. Esto lleva a confusiones, éxitos y sorprendente levedad, incluso cuándo a la trama se suma el personaje de Aitana Sánchez-Gijón, Barbara, una periodista del New York Times decidida a entrevistar a El Argentino y que ve en João y Xan una oportunidad de llegar a él.

La actuación de la ya mencionada actriz junto a las de Pere Ponce y Achero Mañas proveen un suelo muy sólido para la producción y las actuaciones son notables en lo invidiual, incluso si los personajes no cuentan con particular complejidad.

Aitana Sánchez-Gijón interpreta a Barbara Miller
Aristarain depende de esto también para el sustento de la historia. El interés en el trío principal no nace de sus personajes per se, sino en sus personalidades más que en su profundidad. Por lo tanto, las instancias iniciales en las que aún no se conocen resultan ser poco destacables (quizás las de João siendo las más destacables al ser él el personaje más cómico). El foco de Aristarain es generoso por igual con los tres y mientras el amor florece entre Barbara y Xan, las fuerzas de la ley comienzan a acercarse a los protagonistas, pero también lo hace la verdadera Banda del Argentino.

Volviendo a lo "Hollywoodense" de La Ley de la Frontera, esto es quizás más evidente en l superficialidad de mucho del relato. En Hollywood esta necesidad surge frente a la estricta censura y presión de los estudios, obligando a los artistas a ser sutiles a la hora de presentar profundidad en sus tramas mientras que Aristarain lo hace aquí por decisión artística. Sin ser una película de acción, el filme aún presenta emocionantes secuencias de gran complejidad pero sus mejores momentos se dan una vez El Argentino aparece más allá de su breve encuentro con los protagonistas cerca del principio. Como no es sorpresa, la actuación de Federico Luppi es espectacular y una inyección de adrenalina a La Ley de la Frontera.

Achero Mañas, Federico Luppi y Pere Ponce en
una escena de la película.
Es el único personaje que rompe con lo jovial de la película, el contraste que provee dando cierta profundidad a la superficialidad del retrato inicial de João, Xan y Barbara, sin embargo, la película es muy engañosa. A pesar de todo lo Hollywoodense, el omnipresente interés de Aristarain por la política aparece en repetidas instancias. Ya desde los opuestos que los dos personajes principales (un rico heredero y un pobre minero) presentan esto se hace evidente, pero también muchas veces a través de diálogos.

Continuando con la pantomima, tras escenas de gran ejecución técnica y narrativa que ven los simples arcos de cada uno de los sujetos del film cerrarse lentamente, Aristarain engaña a los espectadores una vez más, yendo, sorprendentemente, en contra de la tradición de su cine. Se invierte el ritmo una y otra vez, de rápida aventura a cuidadosa contemplación sin perder la inocencia que se hace presente en todo el relato. Luppi brilla en la comedia pero también como una especie de mentor y es en su personaje en el que el idealismo de los protagonistas se refleja, una vez más, una inversión de lo que se mantiene en un inicio. 

Llamo a La Ley de la Frontera una "pequeña épica" ya que se asemeja, en apariencia, a este tipo de producciones estadounidenses. Sin embargo, su paralelo más directo es quizás la aventura de clase B, la misma de la que se inspiran, por ejemplo, las películas de Steven Spielberg. Ante la falta de un despliegue gigantesco con una abundancia de recursos por evidentes motivos. Aristarain vuelve a una simple estrategia en algo profundamente emocionante, hace "cool" a Federico Luppi y filma pequeñas escenas de aventura con una habilidad más propia de un director con decenas de películas de la índole y no con la de un director condenado a filmar en el oscurantismo de una dictadura, debiendo dividir su tiempo entre comedias de dudosa calidad y pequeños thrillers. La cámara está viva y cuenta con su propia personalidad, de movimientos lentos y "épicos" si se quiere, esta y Aristarain se entienden a la perfección y permiten no solo la captura de imágenes bellisimas sino también la de secuencias de destacable ingenio y valentía. No es ninguna sorpresa cuándo digo esto entonces, que el director fue, antes de comenzar su carrera en la Argentina, ayudante de Sergio Leone.

La película cierra con un pequeño epílogo que sirve para recordar quién es el cineasta detras de si. Es la serie de escenas más abiertamente políticas del filme aunque no por lo que se muestra de forma directa, sino por lo que quiere decir. En La Ley de la Frontera Aristarain oculta temas con la misma inteligencia con la que lo hacían sus maestros, según sus declaraciones: Ford, Hawks, Ray, entre otros. En ese sentido, su obra si es Hollywoodense, cuenta con la misma eficiencia para narrar e, incluso ante la frecuente falta de profundidad en su presentación, se mantiene aún como un poderosísimo trabajo de cinematografía. ¿Que se nos quiere decir con el epílogo? Una vez más siguiendo de forma directa el ritmo de altos y bajos que ya se estableció, se ralentiza la acción con una poderosísima declaración. Descubrir cuál es esta declaración es lo más bello de una película con altibajos pero que aún así funciona con impecable trazo. Resulta impresionante que se encuentre entre las películas menos destacables del director, lo que habla de la maestría que Adolfo Aristarain manejó a lo largo de su carrera.

Tomás Cerqueiro, 2026

 

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