El arte olvidado en dos películas: Muertos de Risa+800 Balas y las imágenes de Álex de la Iglesia

Dos películas hermanas, bizarras, brillantes pero tremendamente distintas

Hablar de Álex de la Iglesia es hablar de lo no establecido. Lo que sorprende, lo que es aparentemente imposible, más aún para una industria cinematográfica de periferia como la española. Se para justo en el centro de lo artístico y lo comercial, como tantos de quienes bebe para ser el cineasta que es. Tanto De La Iglesia como su eterno guionista Jorge Guerriaecheverría toman de la historieta de Marvel, de la televisión basura y de la ciencia ficción y terror de explotación y crean una perversa criatura a partir de todo eso, que en lo general da como resultado hasta dos horas de locura absoluta, pero filmada con una maestría que pensarias es la de Howard Hawks, no de un director que debutó en Acción Mutante (1993) a los 28 añitos.

De la Iglesia y Guerricaechevarría    

Con La Comunidad (2000) separandolas, la pareja que se abrió camino a la fuerza en El Deseo, la productora de los Almodóvar creó dos de sus más perversos pero más brillantes filmes, Muertos de Risa (1999) y 800 Balas (2002).


En Muertos de Risa el director bilbaíno empieza en una más que inocente sequencia de titulos que comienza a adelantar lo que la trama irá revelando (y resulta muy divertida al ser revisionada) pero más pronto que tarde la música de bodevil da paso a una sanguinaria persecución que deja a Nino y Bruno, nuestros protagonistas, gravemente heridos y perseguidos por la policia. Luego de que los maquillan nos enteramos que son cómicos de la televisión que están por protagonizar un especial de año nuevo, pero antes de hacerlo comienzan a dispararse entre si, ante la mirada atónita pero leve del público en vivo, que cree que esto se trata de una broma más, pero la realidad se revela más pronto que tarde, la policía irrumpe y nos quedamos con Julián, el manager del dúo como narrador.

Mientras tanto 800 Balas empieza también en la falacia, un apasionante western se despliega por el desierto de Almería, un "stunt" sin embargo, sale mal y deja un muerto. La introducción no da tanto lugar a conclusión como la anterior mencionada pero resulta más shockeante, aunque pronto ocurre un cambio de foco a un niño que funcionará como protagonista.

La cuestión es que, en ambos largometrajes se logra cierta contemporaneidad. Muertos de Risa termina saltando en el tiempo, mostrando solo a uno de los dos cómicos con un éxito masivo, mientras el otro es relegado a un lento olvido, que sufren tanto Bruno como Nino. El olvido en 800 Balas es más brusco y directo, Sancho Gracia interpreta a Julián, un viejo doble de riesgo de westerns que mantiene a "Texas Hollywood" un falso pueblo hecho para la filmación de euro-westerns que es habitado por una serie de caricaturescos personajes que llevan a situaciones crecientemente ridículas.


Ambas películas son, en ejecución, muy diferentes, 800 Balas es estática, el foco claramente puesto en la relación entre Julián y su joven nieto absolutamente fascinado con el mundo que su abuelo habita, así como la busqueda incansable de lo que se halla detrás de la muerte de su padre, que resulta ser el hombre que vimos morir al principio. Esto presenta un brusco error, ya que luego se nos dice (y es un hecho que) no se filmaron westerns en "Texas Hollywood" en años, aunque De La Iglesia y Guerricaechevarría se permiten la libertad creativa. Es importante la separación que La Comunidad produce en las dos películas en cuestión ya que es en ella en la que De La Iglesia se vuelca a lo vistoso, a lo efectista, y de cosas de este tipo 800 Balas peca repetidamente. Es una película sobria y leve, pero que en su relato logra cierta profundidad gracias a la soberbia interpretación de Gracia y a una muy afinada Carmen Maura (otro rastro de La Comunidad) antagonizando los planes del protagonista.


El Gran Wyoming y Santiago Segura en Muertos de Risa (1999)
Ambos actores de origenes particulares y dispares


Muertos de Risa se acerca más a obras como El Día de la Bestia (1995) en el sentido en que el director bilbaíno se enfoca pura y exclusivamente en la locura. Es una épica de la historia moderna hasta aquel entonces española, pasando por el franquismo, el destape y la contemporaneidad de aquel entonces, esto es, sumado también a una crónica de un arte ciertamente sucio. Sus protagonistas tienen un origen muy distinto a los de 800 Balas, Santiago Segura trabajaba doblando en pornografía y realizando relatos y caraicaturas pronográficas y El Gran Wyoming siendo un farmaceutico transformado en presentador televisivo. Nino y Bruno, en un inicio Bruno y Nino terminan sin mucho peso, súbitamente, trabajando en el espectáculo, el problema es que se llevan pésimo, más aún siendo su único gag que Bruno le de una cachetada a Nino, que sufre de un espantoso pánico escenico. Entonces, seguimos una breve crónica de la historia española mencionada mientras cada uno busca hacer más daño, físico y mental al otro.


Tanto Muertos de Risa como 800 Balas representan una muerte. No solo las que vemos en pantalla, que abundan (no tanto como en las dos primeras obras del director pero bastantes para los estándares de la mayoría de cineastas), sino una de un arte:

Cuántos westerns filmados en Europa viste en los últimos años? En realidad, cuántos westerns modernos viste? No muchos.

Cuántos cómicos son famosos al punto de que niños los imitan? Al punto en que sus caras se estampan en productos comerciales? Al punto de que todos saben cuál es la broma y aún se rien?


Es en esto en que se comienza a plantear una fundamental dualidad que acompaña a los dos filmes. No es necesario separarlos para destacar la melancolía que se retrata, el desquite de De La Iglesia en mostrar en su siempre explosivo estilo lo bien que le sientan, los golpes, las fiestas y los tiros. Sin embargo, más allá de ser peliculas hermanadas, separadas al nacer por unos miseros tres años de diferencia, ambas llegan a puntos distintos, puntos que, sorpresivamente, son opuestos a la construcción que se presentó en sus duraciones.

Muertos de Risa es una muerte prolongada. Desde el vamos sabemos que Nino y Bruno se matan a tiros frente a las cámaras, entonces, es obligatorio que ambos lleguen bien a ese fatídico especial de año nuevo, no importan las condiciones. 800 Balas es súbita, aunque la película se mantiene narrativamente convencional. Sabemos hechos del pasado, no del futuro, diferenciando así los respectivos prólogos.

Ángel de Andés López y Sancho Gracia en
800 Balas (2002)

Lo súbito en Muertos de Risa son las situaciones desopilantes, vemos a Nino tocar la cima del mundo y el inframundo en poco tiempo, y a Bruno pasar de sex symbol a un cobarde que entrega a su amante ante cualquier dudoso hombre de la ley. Sancho Gracia y su Julián son entonces, exactamente lo mismo, una pantalla de humo, el "amigo de Clint Eastwood y amante de Raquel Welch" no es en realidad más que un pobre viejo que intenta que el show continue a pesar de que se desangre frente a sus ojos. En ambos filmes el show se extiende hasta el ridículo, además de que sinceramente, el acto de Nino y Bruno no produzca gracia alguna, este también es lo que hace que ambos hombres se odien hasta la muerte y, por más de que el acto haya durado más de 20 años, se los siga reviviendo. Las dos películas muestran esqueltos controlados por cables, cobrando humanidad de a ratos pero que, contenidos, son forzados a repetir una estupidez una y otra vez.


El cast nutrido y excesivo de 800 Balas choca con el filme casi dual, si no fuera por las intervenciones de Álex Angulo, que Segura y Wyoming protagonizan. Sin embargo, todos los protagonistas de ambas obras (a excepción de Eusebio Poncela en 800 Balas, cuyo rol encuentro inexplicable más alla de la sumatoria de un gran nombre al poster) son fabulosos. Carmen Maura, interpretando a Laura, la madre del pequeño Carlos, es quién más se diferencia de todos los demás, así como representa la única figura femenina que lidera en alguna de las dos películas. Su papel, que empieza menor, gana peso con el avance de la trama siendo ella la única humana con sentido común de entre su película, llevando consigo cierta malicia y recelo con el personaje de Gracia. Similar rol es el que Angulo interpreta, más sustancial que el de la Chica Almodóvar, es también la voz de la razón que ata a la tierra la locura que se comienza a desatar, cosa que también, los dos filmes comparten.


En los terceros actos se rompe el status quo, oséa, Nino se cansa y decide matar a Bruno, y viceversa, y Julián y todos los habitantes de "Texas Hollywood" se encierran en el pueblo y se defienden a los balazos de la policía que intenta desalojarlos. En ambas, esto significa abandonar lo tan cuidadosamente establecido, esto nos fuerza a ver a Nino, Bruno y Julián (de 800 Balas, no el papel del mismo nombre de Angulo en Muertos de Risa) como personajes completamente diferentes. Esta parte es visceral, ridícula pero también sentimental. Las dos partes de las películas no son más que arrebatos de locura pero son también momentos en los que la película se detiene. Se cuestiona tanto a los personajes como a la percepción de la audiencia de lo que pasó. Sigue siendo gracioso cuando es El Pobre Tino (interpretado por un inolvidable Eduardo Gómez) el que muere por las tonterías de Nino y Bruno? Sigue siendo gracioso cuando, en vez de ser acostado con una prostituta (escena cuestionable por decir poco), el niño encarnado por Luis Castro se encuentra en medio de un fuego cruzado?


Tanto Julián y Cheyenne (Ángel de Andrés López) cómo Bruno y Nino entienden, así como De La Iglesia y Guerricaechevarría, que después de tanto exceso la audiencia merece una explosión. En ambos casos la(s) explosión(es) son balas penetrando contra cuerpos y es en este punto que 800 Balas y Muertos de Risa se encuentran más alejadas las unas de las otras.

Muertos de Risa retorna al status quo, Nino muere por sus heridas, pero Bruno se levanta a reanimarlo solo para asegurarse de poder seguir torturándolo.

800 Balas cierra y es más realista, entiende que el western terminó, a nadie le interesa ya y es el mismisimo Clint Eastwood (un imitador espectacular, por supuesto) que despide del mundo al género y a Julián.

Sin embargo, aunque el final de la primera parece ser más superficial que el de la segunda, la realidad es exactamente la opuesta. Muertos de Risa y 800 Balas comparten intimamente conceptos pero solo el final de la primera los comprende. El arte se sostiene hasta el último hilo, el cuál es la repetición, sin embargo, aún se puede justificar el final de 800 Balas.


No es un misterio que la gente cambia, y Álex de la Iglesia representa dos cineastas en las dos películas. Con 34 años, Muertos de Risa es una historia mucho más grande que el, una de años en la cuál se mete, destruye, desglosa, pervierte y reconstruye. 800 Balas la dirige un hombre de 37 años con 5 éxitos a sus espaldas, e inexplicablemente fue en esta película que finalmente tocó el fracaso comercial y crítico. Esto resulta injusto ya que la película, pese a ser relativamente débil comparada a sus predecesoras (quitando a La Comunidad) es aún una maravilla de excesos y que cuenta con una dulzura a la que De La Iglesia no se acercaría ni con un palo previa- o posteriormente. Es en ella en la que el filme se redime, es ella la que Muertos de Risa olvida y desprecia en favor de una brutalidad casi inconcebible en un ser humano, es en las dos que lo que hace a De La Iglesia quién es que se presenta.

De La Iglesia con el cast de Muertos de Risa
(Angulo, Wyoming, Hidalgo, De La Iglesia, Segura)

De La Iglesia es un cineasta pop, no pop de Michael Jackson ni Álmodovar, pop de John Carpenter y del Heavy Metal, oséa, pop de popular, pero underground al mismo tiempo.

Como cineasta, toca el cielo en 1995 cuándo se le ocurrió que un cura quizás sabía que el anticristo nacería en Madrid en Nochebuena, como escritor, lo hace en 1999, con dos cómicos tan desopilantes como tétricos, tan queribles como despreciables y aterradores. Sin embargo, es importante destacar que, bajo ninguna excepción, se puede esperar ser un buen cineasta sin ser cinéfilo. La cinefilia se manifiesta de formas extrañas, y si el bilbaíno encontró placer en ver los slashers que se estrenaban en su juventud, y verdaderamente sentía pasión por ese cine moderno-explotativo, es genial. En 2002, seguramente encandilado por una nostalgia infantil desempolvó (si se puede usar esa expresión al hablar de un desierto) la fábrica de películas del oeste preferida de Europa. Estos tres capítulos que mencioné, sumados al prólogo de hacerle la vida imposible a Pedro Almodóvar y lanzarse a la creciente masa de consumidores de cine de culto en la que debutó en 1993 a través de la historia de un grupo de discapacitados terorristas, pueden ser reducidos a tan solo dos. Los dos últimos son los más importantes ya que ambas películas son hermanas.

De La Iglesia y Luis Castro en la producción
de 800 Balas

Muertos de Risa y 800 Balas no solo se encuentran hacia el fondo del barril en lo que a popularidad refiere en la carrera del director, sino que son hermanas temáticas. Las dos muertes, la del humor y la de la acción resepctivamente son lo que las acerca, por más que sus estilos se empeñen en separarlas, aunque compartan la marca registrada de su director. Una vez se ven las dos, es imposible pensarlas de forma separada, lo que le agrega mucho a ambas.

Muertos de Risa es una obra maestra, tanto de la comedia como del cine en si, 800 Balas es muy simpática, pero ambas son cruciales para entender la historia del cine, no solo español, tampoco solo europeo, sino mundial. Eso es, claro, de una manera a la que Hollywood jamás se atrevería a acercarse, eso es lo que hace a Álex tan genial.


Tomás Cerqueiro, 2026

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