Crónica BAFICI-Las Ruteras, de Ignacio Tankel

Como cierre al BAFICI en el Museo del Cine Pablo Ducrós Hickens, se proyectó Las Ruteras (1968) en formato 16mm. Uno de los únicos ejemplos de cine independiente nacional durante el periodo, resulta ser una película interesantisima y muy injustamente olvidada, pero por sobre todo, ligada de forma muy particular al espíritu del festival.


Salvador es un camionero que tras trabajar bajo una compañía, desea independizarse y tener su propio camión. Sin embargo, él tiene muy poco dinero y esto hará que le nieguen un préstamo. Por lo tanto, él busca una firma que lo ayude a recibir el prestamo la cuál no consigue ni de su cuñado ni de un viejo amigo, pero consigue que este último le venda un viejo camión de su empresa. Ignacio Tankel, el director, a lo largo de su carrera, trabajó únicamente en su natal Chivilcoy y es un caso atípico, aún más en el cine Argentino de los '60s, cuya jovialidad es extirpada quirurjicamente en favor de una absoluta sobriedad. Esto no es decir que se aleje de los temas de la llamada "generación del '60", aunque Tankel ya había filmado antes, toda la realización de esta película parece pertenecer a la nueva ola que vió a cineastas como Favio, Kuhn, Kohon, Becher y Mugica, entre otros dar sus primeros pasos. La obra del director es tremendamente dificil de localizar pero solo en Las Ruteras, este deja ver rastros de una genial maestría. La película es corta y muy sencilla, o al menos aparenta esto último. A lo largo de la trama, el film sabe expandirse hasta abarcar muy interesantes fronteras, incluso jugando con valores de explotación.

Ya desde su título, Las Ruteras indica cierto nivel de "exploitation", pero sabe tratar con esto bien. El eje central de la película termina siendo el protagonista y su forma de vivir, una que es honesta y ciertamente representada de forma plana, pero el juego entre su honestidad y como esta es percivida y afecta a los demás resulta muy interesante. En su mayor parte, las ruteras del título no aparecen más que en ocasionales menciones o esporádicas representaciones, pero una de ellas logra permanecer en la memoria. En su encuentro con el protagonista encarnado por Eduatdo Rudy, se da la oportunidad no en primer lugar de que ella se desarrolle como personaje, sino que Salvador lo haga. Estos pasajes terminan siendo los más brillantes, divididos entre el tabú de la posible infidelidad con el de la prostitución misma. Tankel filma con valentía, incluyendo incluso desnudos muy sorprendentes. En reiteración, lo antes mencionado no funciona también, es en la primera interaccion de una de las ruteras con el personaje principal que se alcanza el balance perfecto entre el carácter explotativo de la película con la búsqueda del personaje, entrelazándose perfectamente el uno con la otra.

Las Ruteras quizás peque de ser demasiado sencilla, tratando con una historia de cierta complejidad literal y moral de una manera demasiado despreocupada para su bien. Se le perdonan sus desperfectos técnicos, que la dejan aún siendo una película muy meritoria, sobre todo puesta tanto en contexto como teniendo en cuenta su tamaño de producción. Es sencillamente atrapante, funcionando a la perfección bajo una narrativa convencional y desarrollándose en una manera que se acerca mucho al cine argentino de los grandes estudios más que a la independencia de sus contemporáneas fuera de este circuito. Sin embargo, se puede ver con la misma claridad la astucia con la que se filma, la manera en la que se utiliza al cine como herramienta de denuncia, sea en tono cómico como las frases que Salvador pinta en su camión o con la ferocidad del cine que le precedería. Las Ruteras se mantiene moderna y es una de las primeras en capturar lo que el cine independiente argentino sería. Es un enorme acierto programarla como película final del festival en el Museo del Cine, y también para cerrar mi crónica del BAFICI. La mejor forma de terminar es volver al principio, hasta la película pone esto en práctica.

Tomás Cerqueiro, 2026



 

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