La mujer enjaulada - Las Furias (1960)

En 1960, Vlasta Lah, cineasta nacida en Pula (actual Croacia) se transformaría en la primera mujer en dirigir en el cine argentino sonoro en Las Furias tras una larga carrera en la industria del país. La película no es una producción atípica en su era, anticipandose ligeramente a la primera nueva ola del cine argentino, sin embargo, es única su mirada.

Vlasta Lah
Mirada la cuál a través de la simplicidad de la puesta en escena de una obra teatral logra que una historia que arde al rojo vivo se imprima en la pantalla con la misma furia que su título describe.


La historia sigue a cinco mujeres y su relación con un hombre que nunca se nos muestra, en si lugar, su identidad se construye entre lo descrito por las cinco, así como los personajes de cada una se desarrollan tomandose las unas con las otras. Hablar de Las Furias representa un desafío debido a la magnitud de personajes que abarca, cada uno tremendamente distinto pero con elementos compartidos:

Mecha Ortiz interpreta a la madre del hombre, quién siente una profunda devoción por su hijo y conspira contra las otras para asegurarse el bienestar de este.

Alba Mugica interpreta a la hermana del hombre, de profundos celos ante la posición de su madre por sobre este, así como la atención de esta sobre su sobrina, siendo paralela a la que ella no recibió.

Aída Luz es la esposa del hombre, quién es antagonizada por las otras mujeres y evidentemente no querida por su marido, dejándola condenada a una vacía vida.

Elsa Daniel encarna a la hija del hombre y es en ella quizás en quién menos vemos a este. Su personaje resulta uno muy independiente, más allá de su necesidad del dinero de su abuela y madre, pero rápidamente se ve involucrada en el conflicto que su padre genera en la casa en la que la película toma lugar.

Olga Zubarry parece recorrer un camino diferente en su representación de la amante del hombre. Su prescencia en la película es mínima pero de gran impacto, ella es elemento de las palabras de las otras más que de las suyas, y con ella se completa el círculo que Lah propone.

Aída Luz, Mecha Ortiz y Alba Mugica

Las Furias se construye a través de la ausencia del desconocido hijo-hermano-marido-padre-amante, haciendo surgir recuerdos, dinámicas y emociones. A pesar de la modernidad general que el filme posee es crucial tomarla en su contexto, uno en el cuál, en el cine a nivel mundial era una rareza absoluta el hecho de que una mujer dirigiera y fuera capaz de representar su visión en cine. La de Vlasta Lah es una de absoluta opresión, una sociedad y unas costumbres opresoras, pero que no necesariamente trabajan activamente en contra de las mujeres que se nos presentan. Más allá de ellas el único otro personaje con un mínimo de relevancia en hacer acto de prescencia es el de Guillermo Bredeston como el novio del de Elsa Daniel, por lo tanto, absolutamente todo en Las Furias se encuentra reducido al grupo ya descrito.

Que significa esto? Según lo que la directora presenta no son otras sino las protagonistas las que se ponen en la situación en la que se encuentran, y ante el miedo al condicionamiento de la sociedad, es en ellas mismas que surgen los problemas, y es entre ellas que se destruyen.


Al hombre que entrelaza las vidas de las cinco mujeres no hacerse presente el conflicto nace entre ellas, las cuatro de su familia conspirando inadvertidamente para la destrucción la una de la otra y la propia. Se cuestiona en Las Furias que es realmente la feminidad. ¿Es la pureza de la virginidad? ¿Es el lazo del matrimonio? ¿Es la relación romántica o la de pura conveniencia? Si hay algo que la película sostiene es como, bajo estos pretextos, las cinco se abren a ser manipuladas, las unas por las otras o por "su" hombre, y las cosas tienden a salir mal en todas las situaciones.

Lah filma muchas veces en separadas viñetas que alejan a las protagonistas y las acercan a la nota final en la que el filme concluye. Entonces, es durante este lapso que la película hace su mayor apuesta, y decir que resulta vencedora sería decir poco. Se construye un absoluto y violentísimo clima de locura en el exhuberante hogar que la familia ocupa, la locura propagandose entre personas cual enfermedad.

Lo que no se propaga como enfermedad, por otro lado, es el tabú. Las Furias no tiene miedo. No tiene medio al hablar de los pechos de sus personajes, no tiene miedo al discutir su virginidad o su satisfacción sexual, no tiene miedo a la hora de mostrar ropa interior, amores prohibidos y odio, muchísimo y agresivo odio. El relato entonces es impecable, la furia que el hombre cocina atrapa a la(s) mujer(es) en una jaula inescapable, una jaula que somete y arruina.

Alba Mugica y Elsa Daniel. Representando los tabúes de la virginidad y la desnudez respectivamente

En estructura y técnica Las Furias es más bien sencilla pero tremendamente creativa. Se contrarresta el escenario cerrado y reducido con interesantes y experimentales planos, con secuencias de gran creatividad visual y simbolismo. Es a través de ellas que la película roza lo onírico, pero nunca deja que sus pies se separen de la tierra. Narrativamente va y viene, construyendo tramas que no necesariamente involucran al múltiplemente mencionado hombre sino al concepto de hombre en general, lo que la película define como tal, al menos.

La cuestión es esa: Las Furias trata con algo tan abierto y tan indefinido como el género. No es necesariamente una cuestión de sexo ya que lo que se discute no refiere a la condición de sexo del sujeto, sino a su posición societal. Se toma del estereotipo para que cada espectador diseñe a su hombre según lo que las titulares "furias" describen. Es una película que deja entonces, lugar a la interpretación en muchisimos frentes. Nunca se apunta un formal dedo acusador, nunca se define quién es poseedora de la razón, o si alguna lo es, en su lugar, se trata de no más que un ejercicio de lectura entre las lineas e interpretación.

¿Qué es ser hombre? ¿Qué es ser mujer? Lo único definitivo es lo que se ve, que no se trata más que de un grupo de mujeres condenadas a su destrucción por una mezcla de elementos, su condición de sexo en una época que no perdonaba, en la cuál algo dictaminado genéticamente definía la vida a futuro, la sociedad que ejerce presión en tanto la construcción de la feminidad como de la masculinidad, que son condicionadas a seguir. En lugar de apuntar como culpable a estos factores, las furias se atacan entre sí.

El final corta esta tensión con irrestricta brutalidad, y con la misma inteligencia que definió al resto de la película como una obra magistral.


Tomás Cerqueiro, 2026


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