Marcello Mio (2024) y la sombra de la estrella
No encontré ninguna mención sobre como se concibió la idea detrás de Marcello Mio (2024) pero es altamente probable que con tan solo reparar en el parecido de Chiara Mastroianni con su padre Marcello Mastroianni haya surgido la idea de que ella lo interpretara en una película. En un mundo lleno de biopics, Cristophe Honoré elige hacer algo distinto, meterse en la mente de Chiara Mastroianni, deconstruirla, exponerla y volver a guardarla sin mucho cuidado. El caos que esta ecuación da como resultado es lo que vemos durante dos horas en una película extrañisima, única y, honestamente, irrepetible.
Después de una fallida audición, se le pide a Chiara (Mastroianni interpretandose a si misma) que actúe más como su madre, Catherine Deneuve, que como su padre, Marcello Mastroianni. Esto la lleva a tener una pesadilla en la que se ve al espejo solo para que este le devuelva la imagen de su padre. Entonces, la protagonista decide que comenzará a interpretar a su padre todo el tiempo, que va a transformarse en él. Marcello Mio entonces ondula entre la comedia y el drama, en un brillante paralelo al final de 8½ (1963) de Fellini en el que todos las personas de la vida de Guido Anselmi (Marcello Mastroianni) danzan alrededor de él, en la película de Honoré es la gente de la vida de Chiara la que la acompaña, acosa y comforta a lo largo de la trama. Para su duración, Marcello Mio es una película estática, en general el foco está puesto en mostrar escenas ligadas a la vida de la protagonista, tanto la propia como la relacionada a su padre. Se siente raro al nivel en el que llega la intimidad de la película, particularmente cuando solo Cristophe Honoré aparece acreditado por el guión. La película es hasta voyeurista en la vida familiar de los Mastroianni, por suerte sin embargo, la representación que el filme hace es de los más simple.
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| Final de 8½ (1963). La trama de Marcello Mio funciona paralela a este |
No es muy dificil posicionar a todas las figuras que participan de Marcello Mio en distintos roles, es claro quién fue pareja, colega, familia o quién apenas está conociendo a Chiara, quién en el protagónico da una actuación fabulosa. Se mete en personaje de su padre profundamente, manteniendo sin embargo cierta independencia que la separa de ser una burla. La película, entonces, también trabaja por separarse de solo ser un tributo a un gran actor.
Marcello Mio, a través de su protagonista travestida, explora cuestiones de género de una manera brillante. Chiara conoce a un soldado británico deprimido tras el abandono de un amante. Primero identifica a Chiara como una mujer, por lo que no se interesa románticamente por ella al ser él homosexual pero, muy pronto y con ella entrando cada vez más en personaje masculino, el deseo de Cloin (Hugh Skinner) comienza a distorsionarse. Esto desafía también el retrato que Chiara hace de su padre, al mostrarse ella recíproca del interés de Colin ya no es a Marcello a quién estamos viendo, no al menos al que conocemos, y es quizás aquí que la película falla.
Marcello Mio está irremediablemente atada a una figura enorme. Es una figura que la hace notable, vendible e interesante pero que apuñala a la película por la espalda. La figura de Marcello Mastroianni impide que la película, que mayormente se trata de una exploración de género, sexualidad e identidad se pervierta en solo ser una experiencia meta para el cinéfilo. Honoré cumple todos los "requisitos" que un fanático de Mastroianni querría ver en una película que lleva su nombre en el título. Chiara recrea la escena de la fuente de La Dolce Vita (1960) en dos ocasiones, vestida tanto de Marcello como de Anita Ekberg y con gatito incluído!, el final de la misma película en la playa, imitando la pose que su padre hace al no escuchar a Valeria Ciangottini solo que 64 años después, vestuarios iguales a los de padre en 8½ y Ginger e Fred (1986), una fila entera de imitadores de Marcello y hasta una aparición de Stefania Sandrelli junto a fragmentos de Divorzio all' Italiana (1961) y es solo cuándo Sandrelli aparece que el motivo por el que la película trata sobre Marcello Mastroianni se deja ver.
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| Chiara imita a Marcello en La Dolce Vita (1960) |
Entonces, el retrato resulta incompleto con dos fuerzas tirando en direcciones opuestas. Una de ellas lleva a Chiara Mastroianni, una actriz brillante a la que se desafía a interpretar cuestiones tan delicadas como el género desde una considerable levedad. La otra es un tributo sin sentido, sin pies ni cabeza porque están colocados exactamente al revés. Son solo pequeños vestigios lo que vemos de Marcello, demostraciones y su imagen no conlleva un poder especial cuando finalmente lo vemos. El problema no está en estas dos fuerzas ineherentemente, sino en la tensión que hay entre ellas en lugar de balance.
Se exhiben momentos de gran inteligencia en la película de Honoré, y no es solo el parecido que hay entre hija y padre. Se siente el peso que Chiara le da el rol, la nostalgia que Deneuve exhibe en ciertas escenas, con unos visuales muy cuidados y una creatividad fabulosa, no se aleja mucho de las puertas de la grandeza. Es buena, cumple pero malentiende a la figura que pone al frente. Encuentra sus mejores momentos cuándo se atreve a ser surreal, a alejarse de lo convencional, pero también brilla en la cotidianidad, en la aventura del amor, del género y de la transgresión. Es una película llena de artistas fantásticos que crean una pieza caótica juntos.
Pese a ser muy entretenidos y un amigable guiño para admiradores de Mastroianni, cuándo se imita a Marcello no se llega en general al climax que la película pretende, sino todo lo contrario. Es cuándo Chiara y su padre se separan, por segunda vez tras su lamentable fallecimiento en 1996, que la película encuentra su mejor momento.
Tomás Cerqueiro, 2026
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| Chiara y Marcello en el Festival de Cannes de 1996, poco antes de que él muriera. |







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