Hollywood y Comunismo - Pickup on South Street (1953)

Una Película atípica, única.

El año es 1953, plena Guerra Fría.
Samuel Fuller no era un director al que le temblara el pulso con los temas que trataba y su manera de llevarlos a cabo. Pickup on South Street (1953), su sexta película no es la excepción, todo lo contrario incluso, es increiblemente desafiante para los estatutos Hollywoodenses del periodo clásico. Una trama con comunistas, pero que antagonizna tanto como los capitalistas americanos y por sobre todo, un protagonista criminal, gris e incluso desalmado.

Skip McCoy es un carterista en Nueva York que, en un día como cualquiera, le roba la billetera a una mujer, sacandola cuidadosamente de su cartera mientras pretende leer el diario. Sin embargo, para su desgracia (o mejor dicho, desinterés, al menos en un principio) la billetera que robó no contenía solo dinero, sino también información confidencial en un microfilm, que la mujer a la que le robó estaba transportando, desconociendo ella también el contenido de este. Agravando la situación aún más, ella, Candy, estaba siendo seguida por la policía para conocer el destinatario de la información. Habiendo arruinado el protagonista los planes de ambos bandos opuestos, se vuelve él, el objetivo de los dos, rompiendo así la lucha y siendo el ahora lo que ambos buscan.

McCoy, interpretado sublimemente por Richard Widmark es un viejo conocido conocido de la policía, rápidamente se lo puede identificar a través de su método, información que una extravagante señora, Moe, le provee a la policía y, gracias a Moe también, los comunistas que pretendían transportar la información secreta a la URSS descubren que ed McCoy a quién deben localizar.
Es el protagonista lo primero que es atípico en Pickup on South Street. Skip McCoy no es un heroe, ni tampoco es parte de la típica moralidad gris del Film Noir. En su lugar, el vive en su mundo, en su pequeña casa en la costa de la ciudad, entre barcos y olas. Fuller se divierte terriblemente con lo que su cámara puede hacer, las secuencias en casa del protagonista, a pesar de que toman lugar en un lugar extremadamente reducido tienen una gran variedad de visuales que constantemente mantienen la acción a altos niveles, lo que lleva a profundizar en el personaje de Candy.

La interpretación de Jean Peters es excelente, le hace frente a su ex-novio, un comunista que la explota pero sin embargo ella promete ayudarlo una última vez a recuperar el microfilm. Rompiendo estándares una ves más, el romance en Pickup on South Street no es tradicional en absoluto. No solo porque al momento que Candy intenta seducir al protagonista es golepada y sus intentos son explicitamente evadidos por el personaje de Widmark, sino porque también se apuesta a que la relación entre ambos sea más profunda, más única.

McCoy no se fija en la ideología de sus rivales, evita a la policía con el mismo, o incluso mayor, fervor con el que evita a los comunistas que estan ahora enfocados en el, sin embargo, es curioso también, y piensa aprovecharse de lo que posee. Fuller, afortunadamente no cae en lo que hubiera sido más fácil, más aceptado y es algo sencillisimo. Los comunistas no son tontos, son temibles, son frios y crueles pero nunca tontos, se retrata a las fuerzas de la ley estadounidenses de la misma manera, e incluso también a la idea del patriotismo también.
La cuestión, la pregunta al centro de Pickup on South Street y su moralidad no está atada a ninguna bandera, sino a la astucia de un hombre que solo busca beneficio propio. Pero tampoco es el conflicto tan unilateral, los mejores pasajes del filme son en los que ocurre una transición, incluso en la desagradable inteligencia del protagonista se da lugar a la humanidad.

Moe, el personaje interpretado por Thelma Ritter, funciona como un atajo de la trama así como un comic relief. Es uno de los más importantes elementos en la caracterización del submundo que Pickup on South Street propone, ella es una experta en el mundo del crimen, vende información de criminales para sobrevivir y aún así es respetada. Esto permite ver una humanidad que no se ve en ninguno de las dos ideologías que Fuller presenta, una humanidad que no solo se queda en el personaje de Ritter, con Widmark y Peters pronto contagiados de lo que la primera construye.

Widmark y Ritter se posicionan
como el foco humano de la película
La fuerza central de la película es la mencionada humanidad que se deja ver una vez Moe es asesinada. Esta es la primera vez que el filme no relega el cuestioniento de McCoy al espectador sino que ella misma se encarga de hacerlo, y es también este hecho que planta lo que Pickup on South Street es. No solo es una de las mejor realizadas peliculas del Film Noir sino también una de las de mayor profundidad. En su conflicto, mucho mayor al que puede ser representado en un filme, mucho más en uno de la época, deja lugar a discusión, y eso es lo más importante.

No es ningún secreto que, durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1990 hubo gran censura en el arte. Hollywood es sin ningún tipo de dudas lo que fue más afectado. El Macartismo, las listas negras, el código Hays aún en efecto y la brutal caza de brujas de cualquier cineasta o actor sospechoso de creer en una ideología política diferente a la establecida en el país debían convivir con el arte día tras día. De alguna manera, quizás por su sutileza, quizás por un descuido, Pickup on South Street salió ilesa incluso teniendo en cuenta estas cuestiones, o eso parece, no pasó desapercibida. Las críticas en su estreno no fueron las más positivas pero representó un buen éxito comercial y le valió una nominación al Oscar a Ritter. Antes de su producción, sin embargo, el guión de la película se vió bajo cuestionamiento por las entidades censoras, no solo por su gran violencia, particularmente hacia el personaje de Candy sino también por su falta de patriotismo.
Es sencillo, a McCoy no le interesa la bandera que quién lleva en frente, es un criminal y conoce el lado oscuro de lo que se le presenta como bueno, y experimenta con brutalidad el lado oscuro de sus nuevos y marginales enemigos. Esto lo lleva a tratar a ambos con el mismo desprecio, lo que, por poner un ejemplo: hizo que J. Edgar Hoover se reuniera con Fuller y el productor Darryl F. Zanuck para expresar su odio por la obra de Fuller y su petición de descartar la película, por suerte, Zanuck estuvo del lado del director.
Poster Francés de la película, se cambia
la trama a través del doblaje y se le da un
nuevo titulo "El Puerto de la Droga"

Una vez terminada la película, es dificil no ver Pickup on South Street como una obra maestra absoluta. No todos, sin embargo, pudieron verla en su integridad ya que, una vez más, debido a su controvertido material, en otros paises fue doblada para eliminar cualquier referencia hacia el comunismo.
Pickup on South Street es engañosa, pareciendo en un principio propaganda anti-comunista estadounidense, pero, una vez comienza a desarrollarse es imposible no enamorarse de lo que propone. Tiene todo lo característico del Film Noir que hace geniales a muchas otras películas del momento, es desafiante, entretenida, violenta e indiscreta. Es genial por dónde se la vea tanto en su trama como en lo que representa para la historia del cine. Tomaría muchos años hasta que Hollywood se atreviera a tratar temas similares, pero aún así, Pickup on South Street se mantiene fresca, única y tremendamente moderna.

Tomás Cerqueiro, 2026

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